sábado, 22 de octubre de 2022

4. Experimentos con tubos de rayos catódicos | ⚛️ El átomo físico clásico | Joseleg

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El modelo de Thomson para el átomo de 1904 es el primero modelo en el cual los procesos físicos se apoderan del modo en que ha de investigarse al átomo, en este sentido, las relaciones de una especie química con otra no son tan relevantes como las propiedades internas del átomo. Y son esas propiedades internas las que empiezan a poder ser estudiadas mediante avances en la investigación de la electricidad. Uno de estos avances son los tubos de descarga (Sinclair, 2013). Los tubos de descarga son tubos en los que se extrae el aire y se llenan con un gas, igualmente, el interior del tubo es acondicionado con un par de electrodos que permite realizar la descarga eléctrica por medio de un circuito, el circuito se completa no por un cable sino por el semivacío que se obtiene al extraer el gas interno. Uno de los mayores retos es lograr que el material del tubo logre resistir la temperatura y también sea aislante con respecto al medio externo.

Figura 41.  El tubo de descarga. En los tubos de descarga se forma un circuito al interior del tubo gracias a la baja presión, los electrones fluyen desde el cátodo hacia el ánodo completando el circuito (YouTube).

Estos tubos explotan el fenómeno de la Descarga Eléctrica en los Gases y operan mediante la ionización del gas cuando se aplica un voltaje lo suficientemente alto como para generar una conducción eléctrica mediante el fenómeno subyacente de la descarga de Townsend. El voltaje necesario para iniciar la descarga y mantenerla depende de la presión y la composición del gas, así como de la geometría del tubo. Los tubos de descarga son muy empleados como bombillas de luz a gas, sin embargo, en el estudio del átomo sirvieron para señalar que estos no eran partículas indivisibles como planteaban Leucipo y Demócrito.

El tubo de Geissler

 La condición más importante para adquirir la tecnología del tubo de descarga es el vacío, esta tecnología se adquirió en 1654 con la invención de la bomba de vacío por Otto von Guericke (1602-1686). En 1705  fue reportado que las chispas de un generador electrostático eran más estables en un ambiente de baja presión de aire (Kurzweil, Richter, & Schneider, 1990). En 1838 Michael Faraday (1791-1867) logró pasar corriente eléctrica a través de un tubo de vidrio con baja presión de aire, notando simultáneamente la formación de un extraño arco de luz entre los extremos del cátodo “electrodo negativo” y el ánodo “electrodo positivo” (Faraday, 1838).  En 1857 el fabricante de tubos de vidrio “y físico aficionado” germánico llamado Heinrich Geissler (1814-1879) inventó una bomba de vacío más potente con la cual pudo reducir la presión atmosférica mil veces (10-3 atm).  

Figura 42.   Heinrich Geissler  (Igelshieb, 26 de mayo de 1814- Bonn, 24 de enero de 1879), fue un inventor alemán, reconocido por idear el Tubo de Geissler, elemento clave para el desarrollo de la tecnología electrónica de los tubos de vacío. Heinrich Geissler, fìsico y diestro soplador de vidrio, se dio a la tarea de fabricar tubos de diversos tamaños, formas y colores estos tubos llamaron la atención de los físicos de su época quienes lo usaron para sus experimentos extrayéndoles el aire mediante bombas de aire al vacío y poniendo en su lugar algún gas a baja presión.

Al repetir los experimentos de Faraday en sus nuevos tubos de vacío Heinrich Geissler encontró que, en lugar de un arco, se formaba un brillo de iluminaba la totalidad del tubo. La electricidad necesaria se encontraba entre los 100 kilovoltios o más (Bussalo, 1993; Garritz, 2005). Semejante a una lámpara de Neón el tubo de Geissler solo lograba generar un rayo que viajaba muy cortas distancias. La luz generada en los tubos de Geissler no presentaba propiedades diferentes a las de cualquier otro tipo de luz, es decir, no se trataba de rayos catódicos.

Figura 43.   William Crookes  (Londres, 17 de junio de 1832-ibídem, 4 de abril de 1919) fue un químico inglés, uno de los científicos más importantes en Europa del siglo XIX, tanto en el campo de la física como en el de la química. En 1863 ingresó en la Royal Society, y fue nombrado Sir en 1910. Es conocido por ser el inventor del tubo de rayos catódicos, por el descubrimiento del elemento talio, y por ser el primero en analizar el gas helio en laboratorio.

El tubo de Crookes

Los tubos de Crookes fueron diseñados a partir de los tubos de Geissler por parte de William Crookes “imagen siguiente” (1832-1919). La diferencia primordial entre los dos era el mejoramiento de las bombas de vacío, mientras que los tubos de Geissler solo llegaban a una milésima de la atmósfera normal (10-3 atm), los tubos de Crookes alcanzaban una presión de entre una millonésima y una cienmillonésima de la atmósfera normal (10-6 y 10-8 atm) (Dylla, 2006). La nueva bomba de vacío había sido desarrollada por un colaborador de Crookes (Redhead, 1999) llamado Charles A. Gimingham. Una vez que se iniciaba la descarga eléctrica, la luz generada normalmente por un tipo de Geissler desaparecía en un área oscura denominada el Espacio Oscuro de Crookes (Aston, 1911).

Figura 44.   Tubo de Crookes. Para su tiempo, los rayos de un tubo de Crookes eran un descubrimiento inesperado en las investigaciones sobre circuitos y electricidad, muchas modificaciones fueron realizadas al tubo de Crookes para determinar sus propiedades (YouTube).

El área oscura se extendía eliminando el brillo totalmente excepto por la cubierta de vidrio en el extremo positivo “ánodo”. El vidrio del extremo positivo emite una fluorescencia verde-amarilla que puede ser amplificada mediante pintura fluorescente. Hasta este punto hemos descrito el fenómeno del tubo de Crookes sin apelar al modelo que lo explica. En resumen, se trata de tubos con menor presión con un gas que es estimulado por un campo eléctrico, lo cual genera una fluorescencia en el extremo positivo “ánodo”. 

Experimentos con los tubos de Crookes

Figura 45.   Eugen Goldstein (5 de septiembre de 1850-26 de diciembre de 1930) fue un físico alemán. Fue un investigador, el descubridor de los rayos anódicos. ​Fue profesor de la Universidad de Berlín. Se dedicó a investigar las descargas en los gases enrarecidos. Oponiéndose a Crookes, creyó que los rayos catódicos eran, a semejanza de la luz, de naturaleza ondulatoria. Los planteamientos de Goldstein fueron los que le dieron la posibilidad a Thomson para que los recogiera y formulara el modelo atómico de Thomson.

Los tubos de Crookes fueron empleados en docenas de experimentos celebres para poder determinar la causa de la fluorescencia en el extremo positivo del circuito (Dahl, 1997). Se propusieron dos modelos, los científicos británicos Crookes y Cromwell Varley creían que se trataba de corpúsculos o materia radiante, es decir átomos eléctricamente cargados. 

Investigadores germánicos como Gustav Wiedemann, Heinrich Hertz, y Eugen Goldstein opinaban que se trataba de vibraciones del “éter”, alguna forma nueva de radiación electromagnética y estaban separados de la causa que transportaba la corriente eléctrica a través del tubo (Dahl, 1997).

Estas hipótesis generaron una serie de experimentos por varios físicos, los cuales conllevarían a los trabajos de Jean Perrin y J. J. Thomson, en los cuales se determinaría que se trataba de corpúsculos con una masa y una carga negativa asociada. En la actualidad estas partículas causantes del brillo fluorescente en el extremo positivo del tubo de Crookes es denominado electrón.

El experimento de Lenard

Philipp Eduard Anton von Lenard (1862-1947) modificó el tubo de Crookes. Colocando una placa de aluminio justo en el punto donde los rayos catódicos impactaban en lugar de vidrio, esta placa es denominada la ventana de Lenard. Más allá de la ventana se ubicaba una superficie de revelado fotográfico que serviría como el detector.

La cuestión era bien simple, analizar si las partículas de los rayos catódicos podían atravesar sobre láminas de materia, lo cual hicieron (Falconer, 1987; Schonland, 1923; Thomson, 1897; Whiddington, 1914). Lenard encontró que los rayos catódicos podían penetrar los materiales mucho más que cualquier sustancia hecha de átomos. Algunos emplearon este resultado para argumentar que los rayos catódicos eran ondas, pero posteriormente se determinó que se trataba de una de las propiedades consecuentes de la extrema pequeñez de los electrones.

El experimento de Plüker o de la cruz de Malta

Mejor conocido como el experimento de la cruz de Malta, fue realizado en 1869 por Julius Plücker (Arabatzis, 2009; Brok, 2005). El montaje se trataba de construir una figura cerca del extremo positivo del tubo “ánodo”, el cual contaba con una palanca que permitía plegarlo, por lo que el mismo tubo podía ser empleado como un tubo de Crookes estándar o como un tubo con la cruz de Malta “En la actualidad es imposible imaginar un tubo de Crookes sin una cruz de Malta”. Dos son los resultados más representativos del experimento de la cruz de Malta:

1- Al encenderse el tubo de Crookes se generaba una sombra en el extremo con pintura fluorescente con la misma forma que la placa con la cruz de Malta. Esto implicaba necesariamente que se trataba de algo que viajaba desde el cátodo, parte de esa sustancia era capturada por la cruz de Malta, mientras que lo demás pasaba derecho. Debido a que la forma de la cruz de Malta no se hacía más grande o más pequeña se razonaba que se trataba de algo que viajaba en línea recta, es decir un rayo.

2- La fluorescencia es limitada, el vidrio o la pintura disminuía su capacidad para brillar después de algunos minutos, capacidad que podía ser recuperada después de algunos minutos. Con la cruz de Malta, si esta era retirada con el tubo encendido, la región previamente oscura brillará con una intensidad mayor que el resto de la placa.

Figura 46.   Resultados del experimento de la cruz de Malta (YouTube).

Los experimentos de Goldstein

Eugen Goldstein (1850-1930) fue un físico alemán que trabajó ávidamente con los tubos de descarga de Crookes, le dio su nombre a los rayos catódicos y sus opuestos los rayos anódicos –que él denominó rayos canales.  Goldstein en 1876 (Raizer, Kisin, & Allen, 1991; Thomson, 1900)  encontró que los rayos del tubo de Crookes son disparados siempre en dirección perpendicular a la superficie del cátodo.  Si el cátodo era una placa plana, los rayos eran disparados en forma de líneas rectas perpendiculares al plano de la placa.

Figura 47.  Experimento de Goldstein 1. Los tubos de Crookes son literalmente aceleradores de partículas, ya sean electrones (Cátodo a Ánodo) o protones (Ánodo a Cátodo). Gracias a los canales en el ánodo logró determinarse la existencia de una simetría, sin embargo, al parecer estos rayos no fueron tomados en cuenta a la hora de la formulación del modelo del pastel con paces del átomo.

Esta era una evidencia de que se trataba de partículas, debido a que la radiación ondulatoria emite en todas las direcciones posibles. Debido a que estos rayos avanzaban desde el cátodo para impactar en el ánodo fueron denominados por Goldstein como los Rayos Catódicos. La superficie de la placa puede ser alterada y en consecuencia la dirección de los rayos de los tubos de Crookes manipulada. Una placa cóncava tiene el potencial de concentrar los rayos de toda la placa en un único punto, el cual puede transmitir grandes cantidades de energía en forma de calor.

Figura 48.  Experimento de Goldstein 2. En el siguiente modelo los platos (d) y (e) representan electrodos de un segundo circuito que genera un campo eléctrico.

Figura 49.   Experimento de Goldstein 3. La demostración de que los rayos catódicos tienen carga eléctrica negativa se debe a que se alejan del polo negativo en un magneto (YouTube).

Figura 410.  El experimento de la veleta. Los rayos catódicos empujan la veleta, la transferencia de momento cinético del rayo a la veleta demostró que estos tenían masa, y que estaban compuestos por partículas invisibles que se aceleraban, así pues estos son los primeros aceleradores de partículas (YouTube).

Otro experimento de Goldstein bastante célebre fue realizado en 1886, en el cual el cátodo estaba hecho con canales huecos. Cuando el tubo fue activado pudo notarse la presencia de luminosidad detrás de cátodo. Posteriormente se determinó la existencia de un rayo opuesto al catódico, es decir uno que provenía desde el ánodo y que al atravesar los canales de ánodo podían ser detectados. Debido a la necesidad de crear canales en el ánodo, estos rayos fueron denominados Rayos Canales (Freeman, 1987).

Los experimentos de Hertz, Schuster y Perrin

Heinrich Rudolf Hertz (1857-1894) construyó un tubo con un segundo par de placas metálicas cuya función sería la de generar un campo magnético de forma paralela a la dirección del reyo catódico. Cuando fuese activado, una placa actuaría como el polo positivo y otra como el polo negativo (Dahl, 1997).

Si el rayo catódico tuviera carga, el campo eléctrico sería capaz de desviarlo y la dirección de la desviación indicaría la carga. Hertz no encontró ninguna desviación, sin embargo, experimentos posteriores mostraron que sus tubos de Crookes no tenían una presión lo bastante baja y además la carga eléctrica no era lo suficientemente alta. Posteriormente el físico alemán Franz Arthur Friedrich Schuster (1851-1934) repitió el montaje de Hertz pero con un mayor voltaje. Los resultados fueron que el rayo era desviado efectivamente por el campo eléctrico, alejándose del polo negativo y siendo atraído por el polo positivo. Esto fue evidencia directa de que la carga de los rayos catódicos era negativa (Dahl, 1997).  Hertz argumentaba que los rayos catódicos eran ondas, y otros físicos proponían que los rayos catódicos eran acompañados de los verdaderos portadores de la carga negativa. Perrin hacia 1895 modificó el tubo de Crookes para capturar los rayos catódicos y enviarlos a un electroscopio, este determinó la carga negativa de los rayos.

Los rayos catódicos, los experimentos de Crookes

Crookes realizó experimentos semejantes a los de un campo eléctrico generado por corriente eléctrica, pero en lugar de un circuito empleó imanes simples. La dirección de desviación era la misma, los rayos catódicos eran alejados por el polo negativo y atraídos por el polo positivo. Crookes también colocó turbinas muy ligeras en la dirección del rayo catódico, después de todo, si eran partículas que viajaban en línea recta, estas debían tener una masa asociada, y cualquier masa asociada acelerada a una velocidad suficiente almacena un momento cinético transferible a otra masa. En otras palabras, los rayos catódicos debían almacenar fuerza cinética semejante a las gotas de agua en un rio y deberían en teoría mover la turbina (Arabatzis, 2009). En la actualidad no se considera que la turbina se mueva por la transmisión del momento cinético, sino por el calentamiento del gas próximo a la turbina, el cual al expandirse lo mueve, en otras palabras, el experimento de las turbinas no sirve como argumento para determinar la naturaleza particulada de los rayos catódicos.


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